En los últimos dos años, el Afganistán ha visto una afluencia masiva de migrantes que regresan. Más de 4 millones de personas han regresado al país desde 2023, muchos por la fuerza. La región oriental, fronteriza con el Pakistán, ha visto una gran proporción de repatriaciones. Las personas repatriadas suelen llegar sin recursos, y tiene acceso limitado a los servicios y pocas perspectivas de empleo.
Los terremotos han afectado de manera desproporcionada a estas zonas de retorno. En distritos como Nurgal (Kunar), la población ha aumentado debido a las corrientes de personas repatriadas, lo que ejerce una inmensa presión sobre los recursos de vivienda, alimentos y energía. Muchas familias ocupan viviendas estrechas e inseguras, condiciones que probablemente contribuyeron a las altas tasas de víctimas.
Los hogares con personas retornadas tienen que extender aún más los recursos (en la Revisión Socioeconómica señalamos que, en 2024, los hogares retornados sufrieron una disminución del 20 % en el ingreso per cápita), lo que exacerba la pobreza y el hacinamiento en comunidades ya frágiles. A medida que las personas repatriadas han abandonado sus países de acogida, ya no envían remesas a sus familias en el Afganistán, lo que constituye otro golpe económico.